jueves, 29 de mayo de 2014

Polichantando más de cuatro cafotos

Como no le melga nada que la contradigan, la señora Fifa se acerca a la Tota y ahí nomás le flamenca la cara de un rotundo mofo. Pero la Tota no es inane y de vuelta le arremulga tal acario en pleno tripolio que se lo ladea hasta el copo.
-¡Asquerosa! –brama la señora Fifa, tratando de sonsonarse el ayelmado tripolio que ademenos es de satén rosa. Revoleando una mazoca más bien prolapsa, contracarga a la crimea y consigue marivolarle un suño a la Tota que se desporrona en diagonía y por un momento horadra el raire con sus abroncojantes bocinomias. Por segunda vez se le arrumba un mofo sin merma a flamencarle las mecochas, pero nadie le ha desmunido el encuadre a la Tota sin tener que alanchufarse su contragofia, y así pasa que la señora Fifa contrae una plica de miercolamas a media resma y cuatro peticuras de ésas que no te dan tiempo al vocifugio, y en eso están arremulgándose de ida y de vuelta cuando se ve precivenir al doctor Feta que se inmoluye inclótumo entre las gladiofantas.
-¡Payahás, payahás! –crona el elegantiorum, sujetirando de las desmecrenzas empebufantes. No ha terminado de halar cuando ya le están manocrujiendo el fano, las colotas, el rijo enjuto y las nalcunias, mofo que arriba y suño al medio y dos miercolanas que para qué.
-¿Te das cuenta? –sinterruge la señora Fifa.
-¡El muy cornaputo! –vociflama la Tota.
Y ahí nomás se recompalmean y fraternulian como si no se hubieran estado polichantando más de cuatro cafotos en plena tetamancia; son así las tofifas y las fitotas, mejor es no terruptarlas porque te desmunen el persiglotio y se quedan tan plopas.

CORTÁZAR, Julio: "La inmiscusión terrupta", en Último round, 15a., ed., México, Siglo XXI Editores, 2001, pp. 110-111.

Poema

Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores blanquísimos

                                                donde se juegan las fuentes de la luz,
te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que
                                                                dormían en la lluvia.
No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que
                                                              viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven
                                                                   en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.
Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio,
                                                                              esa sonrisa.
Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre
en una galería de museo.

Además te quiero, y hace tiempo y frío.

CORTÁZAR, Julio: "Poema", en Último Round, 15a. ed., México, Siglo XXI Editores, 2001, pp. 108-109.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Cortísimo metraje

Automovilista en vacaciones recorre las montañas del centro de Francia, se aburre lejos de la ciudad y de la vida nocturna. Muchacha le hace el gesto usual del auto-stop, tímidamente pregunta si dirección Beaune o Tournus. En las carreteras unas palabras, hermoso perfil moreno que pocas veces pleno rostro, lacónicamente a las preguntas del que ahora, mirando los muslos desnudos contra el asiento rojo. Al término de un viraje el auto sale de la carretera y se pierde en lo más espeso. De reojo sintiendo cómo cruza las manos sobre la minifalda mientras el terror poco a poco. Bajo los árboles una profunda gruta vegetal donde se podrá, salta del auto, la otra portezuela y brutalmente por los hombros. La muchacha lo mira como si no, se deja bajar del auto sabiendo que en la soledad del bosque. Cuando la mano por la cintura para arrastrarla sobre los árboles, pistola del bolso y a la sien. Después billetera, verifica bien llena, de paso roba el auto que abandonará algunos kilómetros más lejos sin dejar la menor impresión digital porque en ese oficio no hay que descuidarse.

CORTÁZAR, Julio: "Cortísimo metraje", en Último Round, 15a. ed., México, Siglo Veintiuno Editores, 2001, pp. 56-57.

martes, 27 de mayo de 2014

El poeta propone su epitafio

Por haber mentido mucho ganó un cielo

mezquino, a rehacer todos los días.
Por ser traidor hasta con la traición, lo amaban
las gentes honorables.
Exigía virtudes que no daba
y sonreía para que olvidaran.
No vivió. Lo vivían, un cuerpo despiadado
y una perra sedienta, Inteligencia.
Por no creer más que en lo bello, fue
basura entre basuras,
pero miraba todavía el cielo.
Está muerto, por suerte. Ya andará
algún otro como él.


CORTÁZAR, Julio: "El poeta propone su epitafio", en Último Round, tomo II, 15a. ed., México, Siglo XXI Editores, 2001, p. 55.

Poema

Empapado de abejas,

en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esta vela tendida.

CORTÁZAR, Julio: "Poema", en Último Round, tomo II, 15a. ed., México, Siglo XXI Editores, 2001, p. 51.

lunes, 26 de mayo de 2014

Diego el silencioso.

15 de noviembre de 1921

Hoy como nunca te extraño y te deseo Diego, tu gran corpachón llenaba todo el estudio. No quise descolgar tu blusón del clavo en la entrada: conserva aún la forma de tus brazos, la de uno de tus costados. No he podido doblarlo ni quitarle el polvo por miedo a que no recupere su forma inicial y me quedé yo con un hilacho entre las manos. Entonces sí, me sentaría a llorar. La tela rugosa me acompaña, le hablo. Cuántas mañanas he regresado al estudio y gritado: "¡Diego! ¡Diego!" cómo solía llamarte, simplemente porque desde la escalera atisbo ese saco colgado cerca de la puerta y pienso que estás sentado frente a la estufa o miras curioso por la ventana. En la noche es cuando me desmorono, todo pudo inventarlo por la mañana e incluso hacerle frente a los amigos que encuentro en el atelier, y me preguntan qué pasa contigo y a quienes no me atrevo a decir que no he recibido una línea tuya. Contesto con evasivas, estás bien, trabajas, en realidad me avergüenza no poder comunicarles nada. Jacobsen quiere ir a México y te envió tres cables dirigidos al cuidado de la Universidad Nacional con la respuesta pagada y ninguno ha sido contestado. Élie Faure estuvo un poco enfermo y se queja de tu silencio. Todos preguntan por ti, bueno, al principio, ahora cada vez menos y esto es lo que me duele, querido Diego, su silencio aunado al tuyo, un silencio cómplice, terrible, aún más evidente cuando nuestro tema de conversación has sido siempre tú o la pintura o México. Tratamos de hablar de otra cosa, veo cómo lo intentan y al rato se despiden y yo me voy metida de nuevo en mi esfera de silencio que eres tú, tú y el silencio, yo adentro del silencio, yo dentro de ti que eres la ausencia, camino por las calles dentro de la caparazón de tu silencio. El otro día vi claramente a María Zeting y estoy segura de que ella me vio, sin embargo agachó la cabeza y pasó a un extremo de la acera para no saludarme. Quizá es por Dieguito, quizá es porque me tiene lástima o simplemente porque llevaba prisa y yo me he vuelto susceptible hasta la exacerbación. Ahora que ya no estás tú, pienso que nuestros amigos se han quedado a la expectativa. Me tratan entre temps, mientras regresas y entre tanto, no me buscan sino para que les dé noticias. Yo acepto que no lo hagan por mí misma, después de todo, sin ti, soy bien poca cosa, mi valor lo determina el amor que me tengas y existo para los demás en la medida en que tú me quieras. Si dejas de hacerlo, ni yo ni los demás podremos quererme.

En otros tiempos tuve a Dieguito. En el taller, ya no hacía tanto frío ¿recuerdas? pero había que ir por carbón todos los días. Incluso tú llegaste a ir en alguna ocasión abandonando tu trabajo a la mitad. Yo sentía que Dieguito no se recuperaba, al menos completamente. Siempre escuché ese pequeño resoplido en su respiración, nunca el aleteo parejo y silencioso de sus primeros días. Me asomaba a cada rato ansiosa a la cuna y este gesto te irritaba: "No le pasa nada, Angelina", déjalo, le estás quitando el aire." ¡Pobre hijo nuestro! Una noche, empezó a quejarse horriblemente, En París, en 1917, había una epidemia de meningitis.

Después todo fue muy rápido. El niño cuya cabeza se perdía entre las sábanas llegó a ser todo cabeza y a ti te horrorizaba ese cráneo inflando como globo a punto de estallar. No podías verlos, no querías verlo. El niño lloraba sin descanso. Aún puedo escuchar sus chillidos que fatigaban tanto tus nervios. Cuando oigo en la calle a un niño llorar me detengo: busco en su llanto el sonido particular del llanto de Dieguito. Los Zeting ya no estaban en París. Salías por carbón, yo creo, impotente ante el sufrimiento. Recuerdo que una tarde intentaste leer el periódico y se me grabó tu gesto de desesperación: "No puedo Quiela, no entiendo nada de nada, nada de lo que pasa en este cuarto." Dejaste de pintar, Dieguito murió, fuimos casi solos al cementerio, a Marie Blanchard se le escurrían las lágrimas, siempre dijo que Dieguito era su ahijado, el hijo que jamás tendría. Ese día hizo un frío atroz o a lo mejor yo lo traía adentro. Tú estabas ausente, ni una sola vez me dirigiste la palabra, ni siquiera te moviste cuando te tomé del brazo. Regalé la cuna a la concierge, le pasé todo lo de Dieguito; pensé que si se lo daba a ella podría tal vez pedírselo prestado más tarde, si acaso teníamos otro hijo. Siempre quise tener otro, tú fuiste el que lo negaste. Sé que ahora mi vida sería difícil pero tendría un sentido. Me duele mucho Diego que te hayas negado a darme un hijo. El tenerlo habría empeorado mi situación pero ¡Dios mío cuánto sentido habría dado a mi vida!

Veo el cielo gris e imagino el tuyo bárbarmente azul como me lo describiste. Espero contemplarlo algún día y entre tanto te envío todo el azul de que soy capaz, te beso y soy siempre tú

Quiela.

PONIATOWSKA, Elena: Querido Diego, te abraza Quiela, México, Era, 1994, pp. 15-19, (Biblioteca Era).