miércoles, 22 de octubre de 2014

Cada vez que paso

Cada vez que paso
bajo tu ventana,
me azota el aroma
que aún flota en tu casa.

Cada vez que paso
junto al cementerio
me arrastra la fuerza
que aún sopla en tus huesos.

HERNÁNDEZ, Miguel: "18", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 174 (Letras Hispánicas, 197).

Cuerpo del amanecer

Cuerpo del amanecer:
flor de la carne florida.
Siento que no quiso ser
más allá de flor tu vida.

Corazón que en el tamaño
de un día se abre y se cierra.
La flor nunca cumple un año,
y lo cumple bajo tierra.

HERNÁNDEZ, Miguel: "16", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 173 (Letras Hispánicas, 197).

Si te perdiera

Si te perdiera...
Si te encontrara
bajo la tierra.

Bajo la tierra
del cuerpo mío.
siempre sedienta.

HERNÁNDEZ, Miguel: "15", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 173 (Letras Hispánicas, 197).

Llegó tan hondo el beso

Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó los muertos.
El beso trajo un brío
que arrebató la boca de los vivos.
El hondo beso grande
sintió breves los labios al ahondarse.
El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos.

HERNÁNDEZ, Miguel: "14", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 173 (Letras Hispánicas, 197).

¿Qué quiere el viento de encono

¿Que quiere el viento de encono
que baja por el barranco
y violenta las ventanas
mientras te visto de abrazos?

Derribarnos, arrastrarnos.

Derribadas, arrastradas,
las dos sangres se alejaron.
¿Qué sigue queriendo el viento
cada vez más enconado?

Separarnos.

HERNÁNDEZ, Miguel: "8", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 168 (Letras Hispánicas, 197).

En el fondo del hombre

En el fondo del hombre
agua removida.
En el agua más clara
quiero ver la vida.
En el fondo del hombre
agua removida.
En el agua más clara
sombra sin salida.
En el fondo del hombre
agua removida.

HERNÁNDEZ, Miguel: "5", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 167 (Letras Hispánicas, 197).

Tus ojos parecen

Tus ojos parecen
agua removida.

¿Qué son?

Tus ojos parecen
el agua más turbia
de tu corazón.

¿Qué fueron? ¿Qué son?

HERNÁNDEZ, Miguel: "4", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 166 (Letras Hispánicas, 197).

martes, 7 de octubre de 2014

Anverso

No veo tu sonrisa entre mis labios
apurar la prolongada espera
en tu abandono de luciérnaga a la noche;
sólo tengo asida entre mis brazos
la inexpresable lucha
de penetrar en el bosque sin fondo de tu sueño
que empieza en la penumbra.
Sólo el afán de arañar las escamas de la tierra
y volcar la savia del origen
en tu canasto de riberas blandas,
para encontrarte a ti,
en el hueco de tus verdes plantaciones
como un todo revuelto entre mis manos.
Sólo mis párpados abiertos
confundidos en el incendio de absorberte
en tu acuario de humo,
bajo la soledad de unos cerebros desyelmados.
No veo tu presencia desdoblada
ahondarme y contenerme,
sólo mi furia de nombre
en las grietas de ti misma
persiguiéndote sin alcanzarte.
Sólo la noche posada en tus cabellos,
la noche raspándonos los ojos,
la noche uniéndonos y serparádonos
como división eterna entre los cuerpos.

ARIDJIS, Homero: "Anverso", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, pp. 20-21 (La otra orilla).

lunes, 6 de octubre de 2014

Ciudad destruida

CIUDAD DESTRUIDA
yo te ocupo
con manos justas
para tus muertos.
Tantos ojos sin dueño
llenan tu nombre
de fruta y desperezo.
Mis dedos,
partidos como gajos,
no pueden nada con el día,
pero sobre tu cuerpo-penumbra
dejan caer su luna elemental.
Háblame de tu sangre,
la que se perdió en sí misma
por no quedarse sola.
Háblame de tu voz,
párpado abierto
cortado por el hombre
cuando se miraba aurora.
Háblame de ti.
Yo no sé nada,
ciudad destruida,
apenas levanto mi palabra
para decir que soy uno
y que te ocupo.

ARIDJIS, Homero: "Ciudad destruida", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, pp. 19-20 (Las dos orillas).

viernes, 3 de octubre de 2014

Déjame

DÉJAME,
estoy lleno de ti,
no te perderé,
llevo conmigo tu esperanza invicta
y los diluvios de tu claustro;
he visto levantarse de tus pupilas
el sentimiento inaugural del hombre,
pero todavía no tengo la sangre
y la tierra y la palabra
no me pertenecen.

ARIDJIS, Homero: "Déjame", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Editorial Joaquín Mortiz, 1987, p. 19. (Las dos orillas).