¿Que quiere el viento de encono
que baja por el barranco
y violenta las ventanas
mientras te visto de abrazos?
Derribarnos, arrastrarnos.
Derribadas, arrastradas,
las dos sangres se alejaron.
¿Qué sigue queriendo el viento
cada vez más enconado?
Separarnos.
HERNÁNDEZ, Miguel: "8", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 168 (Letras Hispánicas, 197).

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