lunes, 11 de mayo de 2015

Conciencia de clase

(...) la conciencia de clase es la reacción racionalmente adecuada que se atribuye de este modo a una determinada situación típica en el proceso de producción. Esa conciencia no es, pues, ni la suma ni la media de lo que los individuos singulares que componen la clase piensan, sienten, etcétera. Y, sin embargo, la actuación históricamente, significativamente de la clase como totalidad está determinada en última instancia por esa conciencia, y no por el pensamiento, etcétera, del individuo, y sólo puede reconocerse por esa conciencia.

LUKÁCS, George: Historia y conciencia de clase, Grijalbo, México, 1969; citado por Gabriel Careaga: Mitos y fantasías de la clase media en México, 4a. ed., México, Cal y Arena, 1989, p. 12.

viernes, 8 de mayo de 2015

Comprensión histórica y social

"Pero la comprensión no es una facultad ni no sé qué intuición contemplativa: se reduce a la praxis misma en tanto que es homogénea a toda otra praxis individual, y que está situada -luego en relación práctica inmediata- en relación con toda acción que se ejerza en el campo práctico. Lo que implica, pues, que la acción común y la praxis individual presentan una homogeneidad real. El individuo no puede comprender que su propia acción común y praxis presenten una homogeneidad real. El individuo no puede comprender su propia acción común a partir de la praxis totalizadora del grupo (la clase) ni la de un grupo exterior a él si las estructuras de la praxis común son de otro orden que las de la praxis individual. Si los objetivos del grupo debían tener un carácter hipoerindividual, el individuo fracasaría al intentar aprehenderlos; lo que significa no que la acción común se síntesis orgánica de los miembros del grupo (clase) sino, por el contrario, que el grupo (clase) lejos de encontrar en su acción una hiperindividualidad, se fija objetivos de estructura individualizada y no puede alcanzarlos sino por operaciones comunes de tipo personal. Sin embargo, se correría el riesgo de caer en las más graves confusiones si no se precisasen en seguida estas conclusiones. En efecto, el fin común se mantiene doblemente común, porque su contenido significante es necesariamente común: se trata en todo caso de un interés que define al grupo mismo, que no es válido sino para el grupo y que sólo es accesible por él. Y esto sigue siendo verdad, ya se trate de insurgentes que se organizan para resistir a las fuerzas gubernamentales, o de patrones para entenderse con los sindicatos obreros."

SARTRE, Jean Paul: Crítica de la razón dialéctica, Editorial Losada, Buenos Aires, 1963, p. 93; citado por Gabriel Careaga: Mitos y fantasías de la clase media en México, 4a. ed., México, Cal y Arena, 1989, p. 11.

jueves, 7 de mayo de 2015

Clases sociales, según Lenin

Lenin reelaboró la teoría de las clases sociales y las definió: "Se llaman clases a vastos grupos de hombres que se distinguen por el puesto que detentan en un sistema históricamente definido de la producción social, por su relación (la mayoría de las veces fijadas y consagradas por la ley) con los medios de producción, por su papel en la organización social y del trabajo y, por tanto, por los medios de obtención y la cantidad de riquezas públicas que disponen. Las clases son grupos de hombres en que uno puede apropiarse del trabajo de otro, a consecuencia de la diferencia del puesto que detentan en un régimen determinado de la economía social."

CAREAGA, Gabriel: Mitos y fantasías de la clase media en México, 4a. ed., México, Cal y Arena, 1989, p. 10.

martes, 28 de abril de 2015

Estratificación social

"La estratificación social significa la diferenciación de una determinada población de clases jerárquicamente superpuestas. Se manifiesta a través de la existencia de capas sociales superiores o inferiores. La base de su existencia es una distribución desigual de los derechos y privilegios, los deberes y responsabilidades, los valores sociales y las privaciones, el poder y la influencia, entre los miembros de una sociedad"

SOROKIN, Pitirim, citado por Gabriel Careaga: Mitos y fantasías de la clase media en México, 4a., ed., México, Cal y Arena, 1989, p. 8. 

jueves, 23 de abril de 2015

Lectura mortal

En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.

Julio Cortázar: "Instrucciones-ejemplo sobre la forma de tener miedo."

Autodidácta

Un día el padre fue al pueblo a comprar algunas provisiones. Sin que pudiera explicarse cómo, entre los paquetes que llevó a su casa estaba un libro de los que sirven para aprender a leer y escribir. Nadie puso atención en él, pero Pulgarcito lo abrió y sintió interés por aprender lo que había en esas páginas. Con una varita quemada y sobre los papeles de envolturas copiaba todos los signos y figuras que veía en el libro. Fue tal su dedicación que pocos meses después sabía leer y escribir. Sus hermanas al ver sus adelantos quisieron aprender también.

Charles Perrault: "Pulgarcito".

miércoles, 22 de abril de 2015

Dragón de la suerte

Los dragones de la suerte son de los animales más raro de Fantasía. No se parecen en nada a los dragones corrientes ni a los célebres que, como serpientes enormes y asquerosas, viven en las profundas entrañas de la tierra, apestan y vigilan algún tesoro real o imaginario. Estos engendros del caos son casi siempre perversos o huraños, tienen alas parecidas a las de los murciélagos, con las que pueden remontarse en el aire ruidosa y pesadamente, y escupen fuego y humo. En cambio, los dragones de la suerte son criaturas del aire y del buen tiempo, de una alegría desenfrenada y, a pesar de su colosal tamaño, ligeros como una nubecilla de verao. Por eso no necesitan alas para volar. Nadan por los aires del cielo lo mismo que los peces en el agua. Desde tierra, parecen relámpagos lentos. Y lo más maravilloso en ellos es su canto. Su voz es como el repicar de una gran campana y, cuando hablan en voz baja, es como si se oyera el sonido de esa campana en la distancia. Quien escucha alguna vez su canto, no lo olvida en la vida y sigue hablando de él a sus nietos.

ENDE, Michael: La historia interminable, 23a. remp., 1a. ed., México, Alfaguara, 2003, p. 70.