jueves, 13 de noviembre de 2014

¿Quién está preparado para enseñar?

Leer puede ser enseñado por cualquiera que ha aprendido, hasta el nivel de su competencia.

Desde luego esto no niega que haya personas más obsesionadas por la lectura o por la enseñanza de la lectura que otras, ni niega que haya diversos niveles de competencia. Sin embargo, no es necesario ser un lector extraordinariamente dotado para ayudar a otros a estar en posibilidades de aprender por sí mismos, al nivel de complejidad que ellos deseen.

KOHL, Herbert: "¿Quién está preparado para enseñar?", en Moisés Ladrón de Guevara: La lectura, México, DGP-SEP/Ediciones El Caballito, p. 18 (Biblioteca Pedagógica).

Ayuda para leer

Estamos acostumbrados a pedir a gente extraña información si estamos perdidos, pero pedir ayuda para leer u ofrecer enseñar es con frecuencia visto como una invasión a la privacía y una amenaza o reto.

KOHL, Herbert: "¿Quién está preparado para enseñar?", en Moisés Ladrón de Guevara: La lectura, México, DGP-SEP/Ediciones El Caballito, p. 18 (Biblioteca Pedagógica).

Enseñanza

La enseñanza se asemeja más a guiar y a ayudar, que a introducir a la fuerza información dentro de una cabeza supuestamente vacía. Si tenemos una cierta habilidad, podremos compartirla con alguien. No necesitamos tener un certificado para transmitir lo que sabemos a alguien o apoyar su intento de aprender por sí mismo. Todos nosotros, desde los más pequeños hasta los de edad avanzada, debemos darnos cuenta de nuestro potencial como maestros. Podemos compartir lo que sabemos, por poco que sea, con aquellos que requieran conocimientos o destrezas.

Si usted está en posición de ayudar a alguien, recordar cómo aprendió algo usted mismo puede ser de mucha ayuda. Esto no significa imitar a nuestros maestros, sino al proceso de aprendizaje que seguimos, con frecuencia a pesar de nuestros maestros. También ayuda escuchar con cuidado las preguntas del aprendiz para descubrir la clase de ayuda que requiere de nosotros.

KOHL, Herbert: "¿Quién está preparado para enseñar?", en Moisés Ladrón de Guevara: La lectura, México, DGP-SEP/Ediciones El Caballito, p. 17 (Biblioteca Pedagógica).

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Con la mirada de la infancia

(...) todos estamos aprendiendo y enseñando a leer en diferentes momentos de nuestras vidas. Ninguno de nosotros es siempre un maestro o siempre un aprendiz. De hecho, los niños nos enseñan a ver las cosas en forma diferente -una historia o una imagen- que ellos ven con más claridad que nosotros.

KOHL, Herbert: "¿Quién está preparado para enseñar?", en Moisés Ladrón de Guevara: La lectura, México, DGP-SEP/Ediciones El Caballito, p. 15 (Biblioteca Pedagógica).

Enseñar

El acto de enseñar es visto como un caudal de conocimientos que fluye desde lo alto hacia un recipiente vacío. El papel del estudiante consiste en recibir información; el del maestro, enviarla. Hay una clara distinción entre el que supone saber (y por consiguiente incapaz de equivocarse) y el otro, generalmente más joven, que supuestamente no sabe.

KOHL, Herbert: "¿Quién está preparado para enseñar?", en Moisés Ladrón de Guevara: La lectura, México, DGP-SEP/Ediciones El Caballito, p. 13 (Biblioteca Pedagógica).

La difícil ceremonia III

Ánfora para la fluidez implacable del origen
para la libertad de los cuerpos
yo te escribo sin nombre

así abro mi jaula de pájaros siniestros
así prefiguro la seguridad de las manos
así comprometo mi tiempo en tu tiempo
así me descubro entero en ti compacta

Éste es mi incendio de cauces y de cuencos
mi confusión de estaturas y edades

Tú eres la impenetrable la siempre nueva
la que dices a media voz tu movimiento

yo te escribo sin nombre     en alianza
con los fervientes de los ojos inmediatos

Tú elevas la densidad de las raíces
tú afirmas lo que otras niegan
tú eres la verdad de mis días
la espiral de mi comienzo

Tú eres la inaplazable
la mujer desnuda
yo te escribo sin nombre
en las ciudades brumosas
en los antemuros     en la piel
en las escaleras que no ascienden

Tú eres la que no se acaba de decir
en una noche de verano
la que viene del mar
la que me precede

la que en las tardes de lluvia
se acuesta en los campos
para que yo la ame

ARIDJIS, Homero: "La difícil ceremonia. IV", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, pp. 47-48, (La otra orilla).

martes, 11 de noviembre de 2014

Aún hay seres que pueden encontrarse II

más allá de sentirse y de tenerse
de la separación y el abrazo
de la desnudez y la semejanza
aún hay seres que pueden encontrarse

ARIDJIS, Homero: "La difícil ceremonia. III", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, p. 46, (La otra orilla).

Aún hay seres que pueden encontrarse

contra la realidad de sabernos momentáneos
contra la finitud obligatoria del contacto
contra el vacío y la intemperie
que nos hace padecer todo universo
aún hay seres que pueden encontrarse

ARIDJIS, Homero: "La difícil ceremonia. III", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, p. 47, (La otra orilla).

Palabras como cuerpos IX

A veces uno toca un cuerpo y lo despierta
por él pasamos la noche que se abre
la pulsación sensible de los brazos marinos

y como al mar lo amamos
como a un canto desnudo
como al solo verano

Le decimos luz como se dice ahora
le decimos ayer y otras partes

lo llenamos de cuerpos y de cuerpos
de gaviotas que son nuestras gaviotas

Lo vamos escalando punta a punta
con hoteles y cauces de memoria

Lo colmamos de nosotros y de alma
de collares de islas y de alma

Lo sentimos vivir y cotidiano
lo sentimos hermoso pero sombra

ARIDJIS, Homero: "A veces uno toca un cuerpo y lo despierta", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, p. 40, (La otra orilla).

Polvo de ti en el suelo ensimismado

Polvo de ti en el suelo ensimismado
cuencos de ti hasta el fondo y por arriba
agua de ti me baña las palabras

Cópula de vulnerables y prosigue
números sin salida te denuncian
el sol la tarde el grito son un mismo ojo

Todo es agua en la noche compartida
Me descubro en tu antemuro como cuerpo
Emerges niebla     Yo los dedos adheridos     uno

Mujer preservas el trigo hasta el verano
Aglomeración de luz es la tiniebla
Hay mesura en tus fugas     me desplazo

Eres causal cuando te heredas
estás llena de afecciones y habitada
qué azul sereno agradecida

Antes de hablar ya tengo tu vestigio
claridad de seres     sacramentos tuyos
Déjame buscarte cuando pasas

Esto es el mundo     sumisión de arena
abrazo de cálida penuria
escribir en tus ojos hacia dentro

La mujer sonrisa doble lo ha sabido
Continua y ascendiendo la luz de la fatiga
Te inmensas por el campo     Ya no estás

ARIDJIS, Homero: "Polvo de ti en el suelo ensimismado", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, p. 39, (La otra orilla).

Libélula

Otras criaturas tañen las olas bajo el mar
Aire de su aire mueve la gaviota
el soplo el verbo el yo soy esa muchacha
como los árboles etéreo

Nuevas existencias toman superficie
toman cuerpo en sus ojos     Los astros son pupilas

Siempre un poeta canta entre los muertos

ARIDJIS, Homero: "La perfecta dormida", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, p. 37, (La otra orilla).

lunes, 10 de noviembre de 2014

Tu nombre repetido por las calles

Tu nombre repetido por las calles
Tu boca
Tu paso que no es nocturno ni de aurora
Tu voz
Sólo tu ser creciendo en las esquinas
Tu tiempo     tus alianzas
Ahora sentada en espiral
Después el humo

ARIDJIS, Homero: "Anverso", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, p. 33, (La otra orilla).

viernes, 7 de noviembre de 2014

Aprendizaje y lectura

Pienso que la lectura no es comparable con ningún otro medio de aprendizaje y de comunicación, ya que la lectura tiene su ritmo propio, gobernado por la voluntad del lector; la lectura, abre espacios de interrogación y de meditación y de examen crítico, en suma, de libertad; la lectura es una relación con nosotros mismos y no únicamente con el libro, con nuestro medio anterior a través del mundo que el libro nos abre.

CALVINO, Italo, citado por Moisés Ladrón de Guevara: "Prólogo", en La lectura, México, DGP-SEP/Ediciones El Caballito, p. 12 (Biblioteca Pedagógica).

La contraparte del acto de leer

El hilo conductor de un texto puede y debe hallarse durante el proceso mismo de la lectura, es decir, en el momento e el que se adquiere vida al ser descifrado. Al mismo tiempo, la sensibilidad estética y la inteligencia que le imprime el lector, con todo su contexto lingüístico cultura, histórico y personal es la contraparte del "acto lector".

LADRÓN de Guevara, Moisés: "Prólogo", en La lectura, México, DGP-SEP/Ediciones El Caballito, p. 11 (Biblioteca Pedagógica).

jueves, 6 de noviembre de 2014

Práctica de la lectura

Por lo general, se considera a la lectura asociada irremisiblemente a la escuela y no en pocas ocasiones a un mal necesario y torturante para alcanzar algún grado académico. Este hecho significativo convierte a la lectura en un obstáculo y en una especie de castigo, particularmente relevante en esta era de imágenes. El hábito de la lectura y el acercamiento a sus secretos nos llevarán no sólo a mejorar nuestra capacidad de comprensión, sino también a convertirla en una actividad imprescindible que nos otorga un auténtico placer, que puede llegar a transformarse en una verdadera pasión.



LADRÓN de Guevara, Moisés: "Prólogo", en La lectura, México, DGP-SEP/Ediciones El Caballito, p. 10 (Biblioteca Pedagógica).

La palabra escrita

En nuestros días, la importancia de la comunicación escrita es equiparable a la comunicación oral por su compleja estructura y su potencial ilimitado; sin embargo, la trascendencia de la palabra escrita es única por su capacidad de registro, su permanencia y sus posibilidades de difusión universal.

LADRÓN de Guevara, Moisés: "Prólogo", en La lectura, México, DGP-SEP/Ediciones El Caballito, p. 9 (Biblioteca Pedagógica).


martes, 4 de noviembre de 2014

Vuelve una vez más a ver

Vuelve una vez más a ver
la sombra en la pared
la hiedra oscura que se eleva
sólo para nombrarte
antes de sumergirte en aquello
que nombrándote te ha perdido

Vuelve hacia mí tu luz
la luz que en las ramas deja
un poco de amor en cada hoja
un ojo que te mira en cada brillo

Vuelve hacia mí tu luz
la luz que como un dilema
que como un creciente
mira y piensa al borde de tu cabeza
que se inclina

Mira que no te vi        viéndote a ti
más blanca y transparente
más alzada en todo lo que no yergue
para volar más que un ala

Mira mis árboles que sueñan rodeándote
de deseos que so almas
de almas que son brazos extediéndose
hacia el aire claro

Vuelve hacia mí tu luz
ya la estación se ha vuelto
una rosa desnuda como tú
un corazón solo en sus rayos

ARIDJIS, Homero: "Anverso", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, p. 32 (La otra orilla).

Te amo ahí contra el muro destruido

Te amo ahí contra el muro destruido
contra la ciudad y contra el sol y contra el viento
contra lo otro que yo amo y se ha quedado
como un guerrero entrampado en los recuerdos

Te amo contra tus ojos que se apagan
y sufren adentro esta superficie vana
y sospechan venganzas
y muertes por desolación o por fastidio

Te amo más allá de puertas y esquinas
de trenes que se han ido sin llevarnos
de amigos que se hundieron ascendiendo
ventanas periódicos y estrellas

Te amo contra la noche y el verano
contra la luz y tu semejanza silenciosa
contra el mar y septiembre y los labios que te expresan
contra el humo invencible de los muertos


ARIDJIS, Homero: "Anverso", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, pp. 30-31 (La otra orilla).

Tercer poema de ausecia

Tú has escondido la luz en alguna parte
VICENTE HUIDOBRO

Tú has escondido la luz en alguna parte
y me niegas el retorno,
sé que esta oscuridad no es cierta
porque antes de mis manos volaban las luciérnagas,
y yo te buscaba
y tú eras tú
y éramos unos ojos
en un mismo lecho
y nadie de nosotros pensaba en el eclipse,
pero nos hicimos fríos y conocidos
y la noche se hizo inaccesible
para bajarla juntos.
Tú has escondido la luz en alguna parte,
la has plantado en otros ojos,
porque desde que ya no existes
nada de lo que está junto a mí amanece.

ARIDJIS, Homero: "Anverso", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, p. 23 (La otra orilla).

Tú la de siempre toda

Tú la de siempre toda
la que no a sujeta
a cápsula de tiempo
y lo mismo está
en el ayer que en el ahora
tú la única en su nombre
la que no tiene contacto con la luna
y su sexo gravita como una forma etérea
la que se difunde con manos invisibles
y ojos cumplidos
la que se sumerje en sí misma
para volver al mundo
con sus mitos jóvenes
la que va creando la vida con sus pasos


ARIDJIS, Homero: "Anverso", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, p. 22 (La otra orilla).

Tentativa de escrutinio

Todo se nos ha ido:
la noche en que nos afirmamos
y tú me viste desde arriba
ciñendo tus rodillas
y yo miré la Vía Láctea
abajo de tus pechos.
La palabra anunciación
ahora se ha cumplido
y sólo nos queda el verbo retornar
en una inutilizable ausencia.
Todo se va:
el niño que mirábamos juntos
abrir sus ojos penetrantes
a la claridad del día
no es el mismo:
amplió sus huesos
y sus manos son más grandes.
Hasta nuestros dolores son irreversibles,
por ejemplo, ya no podemos sangrar
por nuestras separaciones
que permanecen como leves manchas en la memoria.
Todo se va:
el pan, las miradas, el terror,
nuestros objetos desconocidos
obedecen a una nueva presencia.
A veces veo que te desplazas
y cuando mis palabras te regresan, eres otra
y más encendida o más tenue es la luz.
Háblame ahora,
dime que soy ancho, inextinguible
y que tú eres inmensa,
porque siento que somos
más pequeños dentro de nosotros.

ARIDJIS, Homero: "Anverso", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, pp. 21-22 (La otra orilla).

miércoles, 22 de octubre de 2014

Cada vez que paso

Cada vez que paso
bajo tu ventana,
me azota el aroma
que aún flota en tu casa.

Cada vez que paso
junto al cementerio
me arrastra la fuerza
que aún sopla en tus huesos.

HERNÁNDEZ, Miguel: "18", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 174 (Letras Hispánicas, 197).

Cuerpo del amanecer

Cuerpo del amanecer:
flor de la carne florida.
Siento que no quiso ser
más allá de flor tu vida.

Corazón que en el tamaño
de un día se abre y se cierra.
La flor nunca cumple un año,
y lo cumple bajo tierra.

HERNÁNDEZ, Miguel: "16", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 173 (Letras Hispánicas, 197).

Si te perdiera

Si te perdiera...
Si te encontrara
bajo la tierra.

Bajo la tierra
del cuerpo mío.
siempre sedienta.

HERNÁNDEZ, Miguel: "15", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 173 (Letras Hispánicas, 197).

Llegó tan hondo el beso

Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó los muertos.
El beso trajo un brío
que arrebató la boca de los vivos.
El hondo beso grande
sintió breves los labios al ahondarse.
El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos.

HERNÁNDEZ, Miguel: "14", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 173 (Letras Hispánicas, 197).

¿Qué quiere el viento de encono

¿Que quiere el viento de encono
que baja por el barranco
y violenta las ventanas
mientras te visto de abrazos?

Derribarnos, arrastrarnos.

Derribadas, arrastradas,
las dos sangres se alejaron.
¿Qué sigue queriendo el viento
cada vez más enconado?

Separarnos.

HERNÁNDEZ, Miguel: "8", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 168 (Letras Hispánicas, 197).

En el fondo del hombre

En el fondo del hombre
agua removida.
En el agua más clara
quiero ver la vida.
En el fondo del hombre
agua removida.
En el agua más clara
sombra sin salida.
En el fondo del hombre
agua removida.

HERNÁNDEZ, Miguel: "5", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 167 (Letras Hispánicas, 197).

Tus ojos parecen

Tus ojos parecen
agua removida.

¿Qué son?

Tus ojos parecen
el agua más turbia
de tu corazón.

¿Qué fueron? ¿Qué son?

HERNÁNDEZ, Miguel: "4", en Cancionero y romancero de ausencias, México, Rei, 1987, p. 166 (Letras Hispánicas, 197).

martes, 7 de octubre de 2014

Anverso

No veo tu sonrisa entre mis labios
apurar la prolongada espera
en tu abandono de luciérnaga a la noche;
sólo tengo asida entre mis brazos
la inexpresable lucha
de penetrar en el bosque sin fondo de tu sueño
que empieza en la penumbra.
Sólo el afán de arañar las escamas de la tierra
y volcar la savia del origen
en tu canasto de riberas blandas,
para encontrarte a ti,
en el hueco de tus verdes plantaciones
como un todo revuelto entre mis manos.
Sólo mis párpados abiertos
confundidos en el incendio de absorberte
en tu acuario de humo,
bajo la soledad de unos cerebros desyelmados.
No veo tu presencia desdoblada
ahondarme y contenerme,
sólo mi furia de nombre
en las grietas de ti misma
persiguiéndote sin alcanzarte.
Sólo la noche posada en tus cabellos,
la noche raspándonos los ojos,
la noche uniéndonos y serparádonos
como división eterna entre los cuerpos.

ARIDJIS, Homero: "Anverso", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, pp. 20-21 (La otra orilla).

lunes, 6 de octubre de 2014

Ciudad destruida

CIUDAD DESTRUIDA
yo te ocupo
con manos justas
para tus muertos.
Tantos ojos sin dueño
llenan tu nombre
de fruta y desperezo.
Mis dedos,
partidos como gajos,
no pueden nada con el día,
pero sobre tu cuerpo-penumbra
dejan caer su luna elemental.
Háblame de tu sangre,
la que se perdió en sí misma
por no quedarse sola.
Háblame de tu voz,
párpado abierto
cortado por el hombre
cuando se miraba aurora.
Háblame de ti.
Yo no sé nada,
ciudad destruida,
apenas levanto mi palabra
para decir que soy uno
y que te ocupo.

ARIDJIS, Homero: "Ciudad destruida", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Joaquín Mortiz, 1987, pp. 19-20 (Las dos orillas).

viernes, 3 de octubre de 2014

Déjame

DÉJAME,
estoy lleno de ti,
no te perderé,
llevo conmigo tu esperanza invicta
y los diluvios de tu claustro;
he visto levantarse de tus pupilas
el sentimiento inaugural del hombre,
pero todavía no tengo la sangre
y la tierra y la palabra
no me pertenecen.

ARIDJIS, Homero: "Déjame", en Obra poética (1960-1986), México, SEP-Editorial Joaquín Mortiz, 1987, p. 19. (Las dos orillas).

miércoles, 16 de julio de 2014

Palabras como cuerpos VIII

EMPIEZAS CON LA MAGIA, ERES SU EXTREMA OPERACIÓN NOCTURNA

El país de la palma de tu mano,
cómo acosé sus ríos y me perdí en sus medanos
en busca de la fuente del mercurio más rojo
que convocara con su antiguo gongo
allá arriba la luna de tus labios, la sonrisa naciente.
Peloponeso de marfil y bronce
el diminuto mapa de tu mano,
poza para estos labios que persiguen
cada línea de tiempo.
Huelo esa arena, escucho sus chacales,
hay amarres y hogueras en tu mano,
hay trampas, solitarios
bares de medianoche con pianistas cansados
y tú misma arrimada a tu voz que recorta en la sombra
una vaga columna de leche y vainilla.
Todo nace en tu mano, planisferio azafrán y ron añejo,
y luego sigue, trepa, engaña y tempestades,
ombligo rosa, labios retraídos , feeling,
de golpe es Sergio y su guitarra, es esa niña herida de verano
que nos dio aquella flor en su esquina con un vago: <<Yo debo>>
Te contaré del viaje, entredormida,
alzaré el portulano sigiloso,
te diré de la niebla que arrulla en tu garganta,
de los juegos de azar que arrastran por trastiendas
a marineros ebrios, a muchachas de transito,
que son el alfabeto de ese lenguaje, el gesto
con que te das, combada, murmurando una fuente entre espadañas.
Allí donde al fin bebo.

CORTÁZAR, Julio: "Empiezas con la magia, eres su extrema operación nocturna", en Último Round, tomo II, 15a. ed., México, Siglo XXI Editores, 2001, pp. 138-140.

Palabras como cuerpos VII

VESTIR LA SOMBRA

Lo más difícil es cercarla, conocer su límite allí donde se enlaza con la penumbra al borde de sí misma. Escogerla entre tantas otras, apartarla de la luz que toda sombra respira sigilosa, peligrosamente. Empezar entonces a vestirla como distraído, sin moverse demasiado, sin asustarla o disolverla: operación inicial donde la nada se agazapa en cada gesto. La ropa interior, el transparente corpiño, las medias que dibujan un ascenso sedoso hacia los muslos. Todo lo consentirá en su momentánea ignorancia, como si todavía creyera estar jugando con otra sombra, pero bruscamente se inquietará cuando la falda ciña su cintura y sienta los dedos que abotonan la .blusa entre los senos, rozando la garganta que se alza hasta perderse en un oscuro surtidor. Rechazará el gesto de coronarla con la peluca de flotante pelo rubio (¡ese halo, tembloroso rodeando un rostro inexistente!) y habrá que apresurarse a dibujar la boca con la brasa del cigarrillo, deslizar sortijas y pulseras para darle esas manos con que resistirá inciertamente mientras los labios apenas nacidos murmuran el plañido inmemorial de quien despierta al mundo. Faltarán los ojos, que han de brotar de las lágrimas, la sombra por sí misma completándose para mejor luchar, para negarse. Inútilmente conmovedora cuando el mismo impulso que la visitó, la misma sed de verla asomar perfecta del confuso espacio, la envuelva en su juncal de caricias, comience a desnudarla, a descubrir por primera vez su forma que vanamente busca cobijarse tras manos y súplicas, cediendo lentamente a la caída entre un brillar de anillos que rasgan en el aire sus luciérnagas húmedas.

CORTÁZAR, Julio: "Vestir la sombra" en Último Round, tomo II, 15a. ed., México, Siglo XXI Editores, 2001, pp. 190-191.

Palabras como cuerpos VI

DIOS DE LOS CUERPOS

…toma estos dardos que te aseguran el
dominio sobre todos…

Ovidio, Metamorfosis, V.

Eres el dios de los cuerpos, das y quitas la miel del abrazo más hondo,
gozas en nuestro grito, en el ascenso, paulatino a la delicia
para flotar después en el reposo,
medusa a medio sueño entre el agua y el sol.

Pero también esperas
en el verbo, eres entonces más temible,
te agazapas detrás de cada nombre, y cuando
regresa del olvido una palabra que decíamos
entre besos o lágrimas o Londres,
oh el más amargo de los amos, cómo clavas
tu dardo de infinitas espumas en mitad de mi vientre,
tus uñas de tortura en plena boca!

No puedo decir noche, decir lágrima,
echar al vuelo la paloma de su nombre en los tejados de París,
repetir su murmullo de colmena,
ser en sus dulces sílabas el viento y la campana,

porque también estás ahí con tus mastines y tus águilas,
única realidad de tanto olvido y tanto tiempo,
el amor con su risa de mármol contra el cielo,
su sexo cenital y su nocturna espalda.

*

El viaje fabuloso
inmóvil en el vértigo
tu pelo tus orejas

el viaje lancinante
las hélices del salto
el fragor del que caer
tu nuca tu garganta

el ancla remontando con sus algas su limo
la bocina en la niebla
tu espalda tu cintura

CORTÁZAR, Julio: "Dios de los cuerpos", en Último Round, 15a. ed., México, Siglo XXI Editores, 2001, pp. 131-133.

Palabras como cuerpos V

POEMA

Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores
blanquísimos donde se juegan las fuentes
de la luz,
te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza
de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y
cintas que dormían en la lluvia.
No quiero que tengas una forma, que seas
precisamente lo que viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones
cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.
Todo mañana es la pizarra donde te invento y te
dibujo,
pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese
pelo lacio, esa sonrisa.
Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino
es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre en
una galería de museo.
Además te quiero, y hace tiempo y frío.

CORTÁZAR, Julio: "Poema", en Último Round, tomo II, 15a. ed., México, 2001, Siglo XXI Editores, pp. 108-109.

lunes, 7 de julio de 2014

Palabras como cuerpos IV

LOS OJOS DESDOBLADOS

Todo lo abrazarás tú,
rostro invisible y presente,
en ti claudicarán
los últimos promontorios
de la esperanza humana.
Recibirás en tu cuerpo
el peso del universo,
porque lo que está
es semilla desgranada de tus campos.
Tu hambre, infinita como tu fertilidad,
segará las espigas de ti misma,
porque nada de lo que existe te es ajeno.
No podrás juzgar a los que llegan,
sabes que el juicio y la absolución
penden de ellos
como el dolor y el placer,
y dividirlos
rompería tu medida.
No esperas nada, todo lo tienes tú.

ARIDJIS, Homero: "Los ojos desdoblados", en Obra poética (1960-1986), México, Joaquín Mortiz, 1987, pp. 17-18 (Las dos orillas. Serie Mayor).

jueves, 3 de julio de 2014

¡Lo que es eso de saber leer y escribir!

-Si vieras qué bien explica las cosas el curro, compadre Anastasio -dijo Demetrio, preocupado por lo que esa mañana había podido sacar en claro de las palabras de Luis Cervantes.

-Ya lo estuve oyendo -respondió Anastasio-. La verdad, es gente que, como sabe leer y escribir, entiende bien las cosas. Pero lo que a mí no me se alcanza, compadre, es eso de que usted vaya a presentarse con el señor Natera con tan poquitos que semos.

-¡Hum, es lo de menos! Desde hoy vamos a hacerlo ya de otro modo. He oído decir que Crispín Robles llega a todos los pueblos sacando cuantas armas y caballos encuentra; echa fuera de la cárcel a los presos, y en dos por tres tiene gente de sobra. Ya verá. La verdad, compadre Anastasio, hemos tonteado mucho. Parece a manera de mentira que este curro haya venido a enseñarnos la cartilla.

-¡Lo que es eso de saber leer y escribir!...

AZUELA, Mariano: "Los de abajo", en Obras completas de Mariano Azuela I, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, p. 349 (Letras Mexicanas).

martes, 1 de julio de 2014

Puras obras serias

(...) Pasaron muchos minutos de silencio y una voz femenina los vino, por fin, a turbar:
-¿Dígame, Nacho, no está don Salustiano?
-Sí, Julia, entre usted y sírvase de esperar un momento.
Nacho corrió a sacarle una silla.
-No se moleste, que me voy luego.
Pero reparando en Ana María, entró a saludarla.
-También yo ando en asuntos de dinero. No se imagina lo que esto me fastidia. ¿Qué sucedió con ese libro, Nacho?
-Le juro que antes de dos días lo tendrá en sus manos, Julia.
-¿Qué libro -inquirió Chucho Fernández con oficiosidad-.
Escolástica seguramente lo tiene en su biblioteca.
-El último tomo de los versos de Amado Nervo.
-¡Ah no, a Escolástica no le gustan los versos!- observó desconsolado-. Su biblioteca es de puras obras serias.

AZUELA, Mariano Azuela: "Sin Amor", en Obras completas de Mariano Azuela 1, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, p. 254 (Letras mexicanas).

El libro es sólo el tiempo

PRÓLOGO

Estamos haciendo un libro
testimonio de lo que no decimos.
Reunimos nuestro tiempo, nuestros dolores,
nuestros ojos, las manos que tuvimos,
los corazones que ensayamos;
nos traemos al libro,
y quedamos, no obstante,
más grandes y más miserables que el libro.
El lamento no es el dolor.
El canto no es el pájaro.
El libro no soy yo, ni es mi hijo,
ni es la sombra de mi hijo.
El libro es sólo el tiempo,
un tiempo mío entre todos mis tiempos,
un grano en la mazorca,
un pedazo de hidra.

SABINES, Jaime: "Prólogo", en Otro recuento de poemas 1950-1991, México, Joaquín Mortiz, 1991, p. 141 (Las dos orillas. Serie Mayor)

San Frutos

Para José Luis Martínez

En la tercera capilla se venera a San Frutos. Lo identifican los pies descalzos, la cabeza tonsurada, el cuerpo regordete, la escarcela vacía, la mirada de muchos días sin comer. Sobre todo, los libros ocultos bajo el manto. Para descubrirlos hace falta observarlo con cuidado. Nadie que pase frente a él con prisa los advertirá.
Es fama antigua que protege a quienes, en grado de necesidad extrema, se ven precisados a seguir su ejemplo y sustraen, con grave riesgo de sus personas y de su fama, libros que no pueden pagar. Se recomienda, en tales ocasiones, ofrecer al santo un novenario que se cumplirá de rodillas, sosteniendo con los brazos abiertos el fruto de su intercesión. Admite ofrendas, siempre que sean impresas, y un modo eficaz de propiciar su gracia es olvidar algún texto piadoso en el altar.
Mucho se discutió, en el pasado, qué libros esconde. Una vieja opinión, irreverente y deliciosa, sostiene que están en blanco, porque San Frutos no sabía leer.

GARRIDO, Felipe: "San Frutos", en La musa y el garabato.

Leía todo lo que le llegaba a sus garras


A pesar de su extraordinaria popularidad en la República Imaginaria, nuestro personaje no era muy sociable que digamos. El trabajo de la semana lo dejaba tan cansado, que prefería quedarse en su cueva y disfrutar de sus cortísimas vacaciones. Allí, en su cueva, se ponía a leer. Eso era lo que más le gustaba. Leía todo lo que llegaba a sus garras: poemas de amor, novelas de aventuras, larguísimos tratados de matemáticas y biología, historias comparadas de los duendes y estudios muy complejos sobre las costumbres secretas de las hadas.

PADILLA, Ignacio: Los papeles del dragón típico, México, Grijalbo, 1993, p.13. (Botella al mar).

jueves, 19 de junio de 2014

Las puertas de tu ciudad fortificada II

DÉJAME ENTRAR A TU ÍNTIMO ALFABETO
para saber lo tuyo por su nombre
y a través de tus letras
hablar de lo que permanece
y también de auroras y de nieblas
Déjame entrar para aprenderte
y girar en tu órbita de voces
hablándote de lo que me acontece
describiéndote a ti
Quiero dar testimonio a los hombres
de tus enes y tus zetas
desnudarte ante ellos como a una niña
para que todos se expresen con acento puro

ARIDJIS, Homero: "Déjame entrar a tu íntimo alfabeto", en Obra poética (1960-1986), México, Joaquín Mortiz, 1987, pp. 14-15 (Las dos orillas. Serie mayor)

miércoles, 18 de junio de 2014

martes, 17 de junio de 2014

Palabras como cuerpos III

TE ME VAS HACIENDO ALAS
ya eres menos física que una palabra
flotas sobre mí ligera como aire
Te me vas haciendo imagen
porque cuando estoy contigo
quiero decirte algo
y la voz se me hace una paloma abstracta
Estoy lleno de ti como la tierra
me tienes inundado de tus ojos
eres más inaplazable que un segundo
Todo lo has podido haciéndote aurora
yo no puedo nada
soy demasiado noche
canto de luz muda luciérnaga

ARIDJIS, Homero: "Te me vas haciendo alas", en Obra poética (1960-1968), México, Joaquín Mortiz, 1987, pp. 15-16 (Las dos orillas. Serie mayor).

lunes, 16 de junio de 2014

Tiene la medida de mi sueño


Elle a la forme de mes mains
elle a la couleur de mes yeux
PAUL ELUARD

TIENE LA MEDIDA DE MI SUEÑO
los ojos de mi infancia
ama lo que yo amo
lo que no retorna
lo que no llega todavía
se levanta en mis párpados
y de ahí hace volar sus sueños
Se desplaza y permanece
siempre es ella en todas partes
saludando al universo
Llena todos los días del mundo
y aún no nace porque no tiene fin
La encuentro en el silencio en la absolución
pero ella está dispersa respirando en todo
Si algún día llego a penetrar su alma
le daré vendimias de su cuerpo
el hombre el pasto la niebla

ARIJDIS, Homero: "Tiene la medida de mi sueño", en Obra poética (1960-1986), México, Joaquín Mortiz, 1987, p. 14 (Las dos orillas. Serie mayor)

viernes, 13 de junio de 2014

Elegía del guardameta

A Lolo, sampedro joven en la portería del cielo de Orihuela.

Tu grillo, por tus labios promotores,
de plata compostura,
árbitro, domador de jugadores,
director de bravura,
¿no silbará la muerte por ventura?
En el alpiste verde de sosiego,
de tiza galonado,
para siempre quedó fuera del juego
sampedro, el apostado
en su puerta de cáñamo añudado.
Goles para enredar en sí, derrotas,
¿no la mundial moscarda?
que zumba por la punta de las botas,
ante su red aguarda
la portería aún, araña parda.
Entre las trabas que tendió la meta
de una esquina a otra esquina
por su sexo el balón, a su bragueta
asomado, se arruina,
su redondez airosamente orina.
Delación de las faltas, mensajeras
de colores, plurales,
amparador del aire en vivos cueros,
en tu campo, imparciales
agitaron de córner las señales.
Ante tu puerta se formó un tumulto
de breves pantalones
donde bailan los príapos su bulto
sin otros eslabones
que los de sus esclavas relaciones.
Combinada la brisa en su envoltura
bien, y mejor chutada,
la esfera terrenal de su figura
¡cómo! fue interceptada
por lo pez y fugaz de tu estirada.
Te sorprendió el fotógrafo el momento
más bello de tu historia
deportiva, tumbándote en el viento
para evitar victoria,
y un ventalle de palmas te aireó gloria.
Y te quedaste en la fotografía,
a un metro del alpiste,
con tu vida mejor en vilo, en vía
ya de tu muerte triste,
sin coger el balón que ya cogiste.
Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino
y efecto, tu cabeza
dio al poste. Como un sexo femenino,
abrió la ligereza
del golpe una granada de tristeza.
Aplaudieron tu fin por tu jugada.
Tu gorra, sin visera,
de tu manida testa fue lanzada,
como oreja tercera,
al área que a tus pasos fue frontera.
Te arrancaron, cogido por la punta,
el cabello del guante,
si inofensiva garra, ya difunta,
zarpa que a lo elegante
corroboraba tu actitud rampante.
¡Ay fiera!, en tu jaulón medio de lino,
se eliminó tu vida.
Nunca más, eficaz como un camino,
harás una salida
interrumpiendo el baile apolonida.
Inflamado en amor por los balones,
sin mano que lo imante,
no implicarás su viento a tus riñones,
como un seno ambulante
escapado a los senos de tu amante.
Ya no pones obstáculos de mano
al ímpetu, a la bota
en los que el gol avanza. Pide en vano,
tu equipo en la derrota,
tus bien brincados saques de pelota.
A los penaltys que tan bien parabas
acechando tu acierto,
nadie más que la red le pone trabas,
porque nadie ha cubierto
el sitio, vivo, que has dejado, muerto.
El marcador, al número al contrario,
le acumula en la frente
su sangre negra. Y ve el extraordinario,
el sampedro suplente,
vacío que dejó tu estilo ausente.

Miguel Hernández

Las puertas de tu ciudad fortificada

LLAMARÉ
hasta que las puertas de tu ciudad
fortificada con estatutos inviolables
me acojan como habitante
de la vida que en ti se desenvuelve
igual que la lluvia de silencio
sobre tu cabeza
Gradualmente me impregnaré de ti
hasta que sea humo en tu voz
luz en tus ojos
y haga sobre mis hombros tu futuro
Cuando llegue el otoño
te descubriré al rostro de los hombres
para que en tus vasos alimenticios
vengan a nutrirse de esperanza


ARIDJIS, Homero: "Llamaré", en Obra poética (1960-1986), México, Joaquín Mortiz, pp. 13-14 (Las dos orillas. Serie mayor)

Palabras como cuerpos II

SOY LO QUE ERES
miro por tus ojos
camino por tus pies
me levanto sin peso en ti
y me sumerjo en tus aguas
sólo conozco el sentido particular
que ha dado tu visión del univeso
Soy tu risa meridiana
tus brazos en el aire
tus dedos desgranando el tiempo
compuesto del alba a la noche
Soy tú sin cuerpo
presente en toda la tierra
tu historia es la misma que la mía
desde la infancia siento a través de tus esporas
con los ojos ausentes

ARIDJIS, Homero: "Soy lo que eres", en Obra poética (1960-1986), México, Joaquín Mortiz, 1987, p. 13 (Las dos orillas. Serie mayor).

Palabras como cuerpos I

CIRABEL

llego siempre a tu aposento
con una confusión de bocas
y una zozobra de hombre
a traerte la ofrenda cotidiana
de mis manos huecas
Más o menos
cuando la ceniza de la noche
se derrama sobre tus pupilas
como ante una ciudad inerme
Aunado tu grito de silencio
no me dices nada
y nos contemplamos
como si no existieran nuestros cuerpos

ARIDJIS, Homero: "Cirabel", en Obra poética (1960-1986), México, Joaquín Mortiz, 1987, p. 13.(Las dos orillas. Serie mayor).

jueves, 12 de junio de 2014

Un hinchado cuero que el mundo llama pelota

¡Que haya juicio
que del cansancio haga vicio, 
y tras un hinchado cuero,
que el mundo llama pelota, 
corra ansioso y afanado! 
¡Cuánto mejor es, sentado, 
buscar los pies a una sota
que moler piernas y brazos!  
Si el cuero fuera de vino, 
aun no fuera desatino 
sacarle el alma a porrazos.
Pero, ¡perder el aliento 
con una y otra mudanza, 
y alcanzar, cuando se alcanza, 
un cuero lleno de viento,
y cuando, una pierna rota,
brama un pobre jugador,
ver, al compás del dolor,
ir brincando la pelota!

RUIZ de Alarcón, Juan: "Las paredes oyen", en Cuatro comedias: Las paredes oyen. La verdad sospechosa. Los pechos privilegiados. Ganar amigos, 15a. ed., México, Porrúa, 1985, p. 25, (Sepan Cuantos; 10)