martes, 28 de abril de 2015

Estratificación social

"La estratificación social significa la diferenciación de una determinada población de clases jerárquicamente superpuestas. Se manifiesta a través de la existencia de capas sociales superiores o inferiores. La base de su existencia es una distribución desigual de los derechos y privilegios, los deberes y responsabilidades, los valores sociales y las privaciones, el poder y la influencia, entre los miembros de una sociedad"

SOROKIN, Pitirim, citado por Gabriel Careaga: Mitos y fantasías de la clase media en México, 4a., ed., México, Cal y Arena, 1989, p. 8. 

jueves, 23 de abril de 2015

Lectura mortal

En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.

Julio Cortázar: "Instrucciones-ejemplo sobre la forma de tener miedo."

Autodidácta

Un día el padre fue al pueblo a comprar algunas provisiones. Sin que pudiera explicarse cómo, entre los paquetes que llevó a su casa estaba un libro de los que sirven para aprender a leer y escribir. Nadie puso atención en él, pero Pulgarcito lo abrió y sintió interés por aprender lo que había en esas páginas. Con una varita quemada y sobre los papeles de envolturas copiaba todos los signos y figuras que veía en el libro. Fue tal su dedicación que pocos meses después sabía leer y escribir. Sus hermanas al ver sus adelantos quisieron aprender también.

Charles Perrault: "Pulgarcito".

miércoles, 22 de abril de 2015

Dragón de la suerte

Los dragones de la suerte son de los animales más raro de Fantasía. No se parecen en nada a los dragones corrientes ni a los célebres que, como serpientes enormes y asquerosas, viven en las profundas entrañas de la tierra, apestan y vigilan algún tesoro real o imaginario. Estos engendros del caos son casi siempre perversos o huraños, tienen alas parecidas a las de los murciélagos, con las que pueden remontarse en el aire ruidosa y pesadamente, y escupen fuego y humo. En cambio, los dragones de la suerte son criaturas del aire y del buen tiempo, de una alegría desenfrenada y, a pesar de su colosal tamaño, ligeros como una nubecilla de verao. Por eso no necesitan alas para volar. Nadan por los aires del cielo lo mismo que los peces en el agua. Desde tierra, parecen relámpagos lentos. Y lo más maravilloso en ellos es su canto. Su voz es como el repicar de una gran campana y, cuando hablan en voz baja, es como si se oyera el sonido de esa campana en la distancia. Quien escucha alguna vez su canto, no lo olvida en la vida y sigue hablando de él a sus nietos.

ENDE, Michael: La historia interminable, 23a. remp., 1a. ed., México, Alfaguara, 2003, p. 70.

martes, 21 de abril de 2015

Libros de aventuras

No le gustaban los libros en que, con malhumor y de forma avinagrada, se contaban acontecimientos totalmente corrientes de la vida totalmente corriente de personas totalmente corrientes. De eso había ya bastante en la realidad y, ¿por qué había que leer además sobre ello? Por otra parte, le daba cien patadas cuando se daba cuenta de que lo querían convencer de algo. Y en esa clase de libros, más o menos claramente, siempre lo querían convencer a uno de algo.
     Bastián prefería los libros apasionantes, o divertidos, o que hacían soñar; libros en los que los personajes inventados vivían aventuras fabulosas y en los que uno podía imaginárselo todo.
     Porque eso sabía hacerlo..., quizá fuera lo único que realmente sabía hacer: imaginarse algo tan claramente que casi podía verlo y oírlo. Cuando se contaba a sí mismo sus historias, a menudo olvidaba todo lo que le rodeaba y se despertaba sólo al final, como de un sueño. ¡Y aquel libro era exactamente de la misma clase que sus propias historias! Al leerlo, no sólo había oído el rechinar de los gruesos troncos y el rugido del viento en las copas de los árboles, sino también las distintas voces de los cuatro extraños mensajeros, y hasta se había imaginado percibir el olor del musgo y del suelo del bosque.

ENDE, Michael: La historia interminable, 23a. remp., 1a. ed., México, Alfaguara, 2003, pp. 27-28.

lunes, 20 de abril de 2015

Qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado.

Bastián miró el libro.
     <<Me gustaría saber>>, se dijo, <<qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado. Naturalmente, dentro hay sólo letras impresas sobre el papel, pero sin embargo... Algo debe de pasar, porque cuando lo abro aparece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conozco todavía, y todas las aventuras, hazañas y peleas posibles... y a veces se producen tormentas en el mar o se llega a países o ciudades exóticos. Todo esto está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo.>>
     Y de pronto sintió que el momento era casi solemne.
     Se sentó derecho, cogió el libro, lo abrió por la primera página y
                                                                                                                         comenzó a leer

La historia interminable

ENDE, Michael: La historia interminable, 23a. remp., 1a. ed., México, Alfaguara, 2003, p. 17.

martes, 14 de abril de 2015

El libro de todos los libros

En el despacho seguía oyéndose la voz apagada. Fue una larga conversación telefónica.
     Bastián se dio cuenta de que, durante todo el tiempo, había estado mirando fíjamente el libro que el señor Koreander había tenido en las manos y ahora estaba en el sillón de cuero. Era como si el libro tuviera una especie de magnetismo que lo atrajera irresistiblemente.
     Cogió el libro y lo miró por todos lados. Las tapas eran de color cobre y brillaban al mover el libro. Al hojearlo por encima, vio que el texto estaba impreso en dos colores. No parecía tener ilustraciones, pero sí unas letras iniciales de capítulo grandes y hermosas. Mirando con más atención la portada, descubrió en ella dos serpientes, una clara y otra oscura, que se mordían mutuamente la cola formando un óvalo. Y en ese óvalo, en letras caprichosamente entrelazadas, estaba el título:

La historia interminable

     Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruye a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa... o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.
     La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros.
     Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando sin helado...
     Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito...
     Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido...
     Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces.
     Miró fijamente el título del libro y sintió frío y calor a un tiempo. Eso era, exactamente, lo que había soñado tan a menudo y lo que, desde que se había entregado a su pasión, venía deseando: ¡Una historia que no acabase nunca! ¡El libro de todos los libros!
     ¡Tenía que conseguirlo, costase lo que costase!

ENDE, Michael: La historia interminable, 23a. remp., 1a. ed., México, Alfaguara, 2003, pp. 11-13.