¡Que haya juicio
que del cansancio haga vicio,
y tras un hinchado cuero,
que el mundo llama pelota,
corra ansioso y afanado!
¡Cuánto mejor es, sentado,
buscar los pies a una sota
que moler piernas y brazos!
Si el cuero fuera de vino,
aun no fuera desatino
sacarle el alma a porrazos.
Pero, ¡perder el aliento
con una y otra mudanza,
y alcanzar, cuando se alcanza,
un cuero lleno de viento,
y cuando, una pierna rota,
brama un pobre jugador,
ver, al compás del dolor,
ir brincando la pelota!
RUIZ de Alarcón, Juan: "Las paredes oyen", en Cuatro comedias: Las paredes oyen. La verdad sospechosa. Los pechos privilegiados. Ganar amigos, 15a. ed., México, Porrúa, 1985, p. 25, (Sepan Cuantos; 10)
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