miércoles, 4 de junio de 2014

Un largo mordisco

Porque cuando los labios del desconocido se apoyaron en la protuberancia carnosa de la que parte la corola interior, gimió, bruscamente inflamada y, cuando se apartaron, para dejar paso a la punta cálida de la lengua, se inflamó más todavía; gimió con más fuerza cuando volvió a sentir los labios; sintió que se endurecía la punta escondida, que entre los dientes y los labios un largo mordisco aspiraba y aspiraba, un largo y dulce mordisco bajo el cual ella jadeaba; perdió pie y se encontró tendida de espaldas, con la boca de René en su boca; él la sujetaba a la cama por los hombros mientras otras manos la tomaban por las pantorrillas y le levantaban las piernas.

RÉAGE, Pauline: Historia de O, 5a. ed., México, Tusquest, 1993, p. 53 (La sonrisa vertical; 35).


No hay comentarios:

Publicar un comentario