Porque cuando los labios del desconocido se apoyaron en la protuberancia carnosa de la que parte la corola interior, gimió, bruscamente inflamada y, cuando se apartaron, para dejar paso a la punta cálida de la lengua, se inflamó más todavía; gimió con más fuerza cuando volvió a sentir los labios; sintió que se endurecía la punta escondida, que entre los dientes y los labios un largo mordisco aspiraba y aspiraba, un largo y dulce mordisco bajo el cual ella jadeaba; perdió pie y se encontró tendida de espaldas, con la boca de René en su boca; él la sujetaba a la cama por los hombros mientras otras manos la tomaban por las pantorrillas y le levantaban las piernas.
RÉAGE, Pauline: Historia de O, 5a. ed., México, Tusquest, 1993, p. 53 (La sonrisa vertical; 35).
RÉAGE, Pauline: Historia de O, 5a. ed., México, Tusquest, 1993, p. 53 (La sonrisa vertical; 35).

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