Él empezó diciendo que no debía pensar que ya estaba libre. Salvo, naturalmente, si había dejado de amarle y le abandonaba de inmediato. Pero, si le amaba, no era libre de nada.
RÉAGE, Pauline: Historia de O, 5a. ed., México, Tusquest, 1993. p. 76 (La sonrisa vertical; 35)

No hay comentarios:
Publicar un comentario