¿Y cómo iba ella a olvidarlo? Él era la mano que le vendaba los ojos, el látigo de Pierre, la cadena de la cabecera de su cama, el desconocido que le mordía el vientre y todas las voces que le daban órdenes eran su voz.
RÉAGE, Pauline: Historia de O, 5a. ed., México, Tusquest, 1993, pp. 65-66 (La sonrisa vertical; 35)

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