"Pero la comprensión no es una facultad ni no sé qué intuición contemplativa: se reduce a la praxis misma en tanto que es homogénea a toda otra praxis individual, y que está situada -luego en relación práctica inmediata- en relación con toda acción que se ejerza en el campo práctico. Lo que implica, pues, que la acción común y la praxis individual presentan una homogeneidad real. El individuo no puede comprender que su propia acción común y praxis presenten una homogeneidad real. El individuo no puede comprender su propia acción común a partir de la praxis totalizadora del grupo (la clase) ni la de un grupo exterior a él si las estructuras de la praxis común son de otro orden que las de la praxis individual. Si los objetivos del grupo debían tener un carácter hipoerindividual, el individuo fracasaría al intentar aprehenderlos; lo que significa no que la acción común se síntesis orgánica de los miembros del grupo (clase) sino, por el contrario, que el grupo (clase) lejos de encontrar en su acción una hiperindividualidad, se fija objetivos de estructura individualizada y no puede alcanzarlos sino por operaciones comunes de tipo personal. Sin embargo, se correría el riesgo de caer en las más graves confusiones si no se precisasen en seguida estas conclusiones. En efecto, el fin común se mantiene doblemente común, porque su contenido significante es necesariamente común: se trata en todo caso de un interés que define al grupo mismo, que no es válido sino para el grupo y que sólo es accesible por él. Y esto sigue siendo verdad, ya se trate de insurgentes que se organizan para resistir a las fuerzas gubernamentales, o de patrones para entenderse con los sindicatos obreros."
SARTRE, Jean Paul: Crítica de la razón dialéctica, Editorial Losada, Buenos Aires, 1963, p. 93; citado por Gabriel Careaga: Mitos y fantasías de la clase media en México, 4a. ed., México, Cal y Arena, 1989, p. 11.

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