viernes, 14 de febrero de 2014

Estoy enamorado

Mario se limpió el sudor de la frente de un manotazo, secó el telegrama en sus muslos, y se lo puso en la mano del poeta.
-Don Pablo -declaró solemne-. Estoy enamorado.
El vate hizo del telegrama un abanico, que procedió a sacudir ante su barbilla.
-Bueno -repuso- no es tan grave. Eso tiene remedio.
-¿Remedio? Don Pablo, si eso tiene remedio, yo sólo quiero estar enfermo. Estoy enamorado, perdidamente enamorado.
La voz del poeta, tradicionalmente lenta, pareció dejar caer esta vez dos piedras, en vez de palabras.
-¿Contra quién?
-¿Don Pablo?
-¿De quién, hombre?
-Se llama Beatriz.
-¡Dante, diantres!
-¿Don Pablo?
-Hubo una vez un poeta que se enamoró de una tal Beatriz. Las Beatrices producen amores inconmensurables.
El cartero esgrimió su bolígrafo Bic, y raspó con él la palma de su izquierda.
-¿Qué haces?
-Me escribo el nombre del poeta ese. Dante.
-Dante Alighieri.
-Con "h".
-No, hombre, con "a".
-¿"A" como "amapola"?
-Como "amapola" y "apio".
-¿Don Pablo?
El poeta extrajo su bolígrafo verde, puso la palma del chico sobre la roca, y escribió con letras pomposas. Cuando se disponía a abrir el telegrama, Mario se golpeó la ilustre palma sobre la frente, y suspiró:
-Don Pablo, estoy enamorado.
-Eso ya lo dijiste. ¿Y yo en qué puedo servirte?
-Tiene que ayudarme.
-¡A mis años!
-Tiene que ayudarme, porque no sé qué decirle. La veo delante mío y es como si estuviera mudo. No me sale ni una sola palabra.
-¡Cómo! ¿No has hablado con ella?
-Casi nada. Ayer me fui paseando por la playa como usted me dijo. Miré el mar mucho rato, y no se me ocurrió ninguna metáfora. Entoonces, entré a la hostería y me compré una botella de vino. Bueno, fue ella la que me vendió la botella.
-Beatriz.
-Beatriz. Me le quedé mirando, y me enamoré de ella.
Neruda se rascó su plácida calvicie con el dorso del lápiz.
-Tan rápido.
-No, tan rápido no. Me la quedé mirando como diez minutos.
-¿Y ella?
-Y ella me dijo: "¿Qué miras, acaso tengo monos en la cara?"
-¿Y tú?
-A mí no se me ocurrió nada.
-¿Nada de nada? ¿No le dijiste ni una palabra?
-Tanto como nada de nada, no. Le dije cinco palabras.
-¿Cuáles?
-¿Cómo te llamas?
-¿Y ella?
-Ella me dijo "Beatriz González".
-Le preguntaste "cómo te llamas". Bueno eso hace tres palabras. ¿Cuáles fueron las otras dos?
-"Beatriz González."
-Beatriz González.
-Ella me dijo "Beatriz González" y entonces yo repetí "Beatriz González".

Antonio Skármeta: El Cartero de Neruda.

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