Aureliano Segundo estaba abstraído en la lectura de un libro. Aunque carecía de pastas y el título no aparecía por ninguna parte, el niño gozaba con la historia de una mujer que se sentaba en la mesa y solo comía granos de arroz que prendía con alfileres, y con la historia del pescador que le pidió prestado a su vecino un plomo para su red y el pescado con que lo recompensó más tarde tenía un diamante en el estómago, y con la lámpara que satisfacía los deseos y las alfombras que volaban. Asombrado, le preguntó a Úrsula si todo aquello era verdad, y ella le contestó que sí, que muchos años antes los gitanos llevaban a Macondo las lámparas maravillosas y las esteras voladoras.
-Lo que pasa -suspiró- es que el mundo se va acabando poco a poco y no vienen esas cosas.
GARCÍA Márquez, Gabriel: Cien años de soledad, España, Alfaguara, 2007, pp. 213-214.
-Lo que pasa -suspiró- es que el mundo se va acabando poco a poco y no vienen esas cosas.
GARCÍA Márquez, Gabriel: Cien años de soledad, España, Alfaguara, 2007, pp. 213-214.
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